Homilía en la Vigilia Pascual 2019

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¡Feliz pascua, hermanos!

Estamos celebrando el acontecimiento central de nuestra vida cristiana. No celebramos a un muerto, a Jesús, sino a un muerto que está vivo, que ha resucitado. Él es el Viviente, el poseedor de las llaves de la vida y de la muerte.

El Señor, el Hijo del Dios que es el Dios de Abrahán, de Isaac, de Jacob, el Dios de los vivos, no el de los muertos, el Dios amigo de la vida.

El Hijo, Jesús, el que pasó haciendo el bien y luchando contra el mal, el que curó a los enfermos, a los endemoniados, alimentó a los hambrientos, resucitó a los muertos, el que muriendo por amor dio muerte a la muerte y resucitando nos devuelve la vida, la vida plena y feliz.

El Hijo, Jesús, nos da su Espíritu Santo, que en el Credo confesamos como Señor y dador de vida, que habló por los profetas, que es el alma de la Iglesia, que dio fuerza a los apóstoles para predicar, y a los mártires para dar la vida, y a los cristianos para seguir el ejemplo de Jesús. Él actúa el corazón de los hombres y mujeres de buena voluntad, en la historia de los hombres para impulsarla hacia arriba, y en la creación.

¿Qué significa, qué misterio entraña la pascua de Resurrección?

El Padre, al resucitar a Jesús Nazareno, el rey de los judíos, Indica que no abandona al que ha confiado en él y entregado a él su espíritu; es más ratifica su persona su obra, su mensaje, le da la razón, dice que en Él está la plenitud de sentido y que merece la pena seguirle, hacerle caso. Que la historia es nueva, porque ha surgido un hombre nuevo, una nueva creación, con la muerte al pecado y el nacimiento a la vida renovada. Que hay esperanza, que hay futuro más allá del mal, del pecado y de la muerte aquí y ahora. Al resucitar al Hijo con la fuerza del Espíritu, el Padre ha dicho sí a los hombres, que somos amados de Dios, nos hace Hijos de Dios en el bautismo.

Jesucristo resucitado es la luz regalada que ilumina el misterio de Dios: Dios será siempre Dios, que nos supera, inmenso, inabarcable por la criatura, pero en Jesús se ha revelado como Padre que quiere que sus hijos, porque somos hermanos de su Hijo, sus criaturas, porque Dios es amor, es Padre con entrañas maternales, que nos lleva tatuados en su palma de su mano, que tiene compasión de nosotros y no nos abandona como una madre no abandona a la criatura en su vientre, ha apostado y vive y se desvive por nuestra felicidad.

Jesús es la luz regalada y compartida que ilumina el misterio del hombre. No somos sin más animales racionales, ni seres para la muerte, ni pasiones inútiles: somos criaturas de Dios, amados de Dios, hijos de Dios y hermanos entre nosotros, llamados a la vida, a la fiesta, a cantar aleluya y el amén, a levantar el corazón a Dios y darle gracias.

La luz que Cristo que nos ha sido regalada y que vence la oscuridad y la tiniebla que nos envuelve es la que ilumina el misterio de la creación, representada en el agua, las flores, las velas, el pan y el vino: es criatura de Dios, hermana nuestra, como cantaba san Francisco, llamada también a tener a Cristo por Cabeza y participar de la gloria de Dios.

Pero el cristiano, el bautizado, es aquel que acoge el regalo con gratitud y amor, vive de ese misterio es feliz y lo regala. ¿Cómo? Siendo discípulos y misioneros, como Pedro, Juan, la Magdalena, los demás apóstoles. Ser discípulos que aprenden de su maestro, de su palabra, de la eucaristía, su comunidad. Él está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, el miedo, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte fuerzas y la esperanza.. Ser misioneros porque viven como Jesús y desde Jesús, buscan los bienes de arriba, donde está Cristo, glorioso, que viven bien, buscando los bienes no de la tierra, sino del cielo. No busques el oro, porque no te hará feliz; no busques la mentira, no busques ser ensalzado en este mundo, no busques honores y la pompa mundana. No busques la tierra, porque serás tierra. Busca el cielo, busca a Jesús, su justicia, su amor, su verdad, su perdón, servir como él, perdonar, construir puentes, fraternidad, busca la amistad con el Padre, busca la amistad con los hermanos. Cambiemos de vida y seremos felices con Cristo y como Cristo. Busquémosle en su palabra, en el trato y diálogo con él, en la eucaristía, en la comunidad cristiana, en el pobre con el que se identificó. No busques la vida para guardarla, sino para entregarla, regalarla. Sé misionero, anuncia a Cristo resucitado como María Magdalena, como canta Francisco Contreras Molina:

 

No llores más, mujer, Yo te consuelo.
Te doy un nombre nuevo: “Torre santa”.
Todo mi amor en vilo te levanta
del oscuro sepulcro de tu duelo.

¡Arriba, Magdalena, alza tu vuelo.
Susurra, grita, corre, brinca, canta!
Hágase luz mi voz en tu garganta
y alondra de verdad por tierra y cielo.

Vuela hacia mis discípulos, proclama:
“No temáis. Vuestro olvido está olvidado.
Solo perdona mucho quien mucho ama.

Con vosotros estoy resucitado.
Sois hijos de Dios Padre, mis hermanos.
Abrid el corazón, tended las manos…”.

Francisco Contreras Molina, CMF

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