+ Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia
Un cordial y fraterno saludo a todos los miembros de la Iglesia de Palencia, a los sacerdotes, diácono, seminarista, miembros de la vida consagrada, laicos y laicas; y un saludo particular a los miembros de las cofradías y hermandades.
Hoy, Domingo de Ramos, hemos comenzado la Semana Santa. Para el creyente todas las semanas, todos los años, todos los días y todas las horas son santas porque nuestras personas y nuestras historias, personales y comunitarias, están bajo el amor misericordioso y fiel de nuestro Dios; porque somos hijos del Dios Padre que tiene entrañas de Madre, somos hermanos de Jesús, el Hijo de Dios, que se hizo hombre por nosotros y por nuestra salvación, que vivió, murió y resucitó por y para nosotros y estamos habitados por el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que habita en nosotros y nos impulsa a amar como Jesús, a construir el Reino desde la fraternidad.
Pero esta Semana es especial por dos razones: En primer lugar, porque en ella celebramos el Amor más grande, del que habiendo amado a los suyos nos ha amado hasta el extremo, hasta el colmo y la locura del amor, entregar y dar la vida por nosotros. Lo celebramos sobre todo el Triduo Pascual, que son tres días, Viernes, Sábado y Domingo, en honor de Jesucristo (San Agustín). Y, en segundo lugar, porque estamos en tiempos difíciles y arduos, tristes y dolorosos a causa del coronavirus que ha llevado a la muerte a muchos familiares, conocidos y amigos, que ha llenado nuestros hospitales de enfermos, y ha traído como consecuencias crisis económica y social con paro, ERTEs, cierre de empresas, precariedad económica y ha llenado el horizonte de nubarrones y tormentas.
Os invito a vivir esta Semana Santa abriéndonos al amor del Señor. Tomando prestada la palabra de un poeta: “Si alguna vez, amor…Si tú supieras / como late la sangre en mi costado, / esta herida que va de lado a lado, / este torrente en donde tu bebieras… / Ojalá alguna vez tu conocieras / el don de un Dios por ti ciego y prendado, / subido a la alta cruz, arrebatado… / pero no ves, no sabes… ¡Si entendieras! / ¿Qué puedo hacer por ti que no lo hiciera? / ¡Ay si fuera mi carne cremallera, / para desabrocharme el alma y vieras / cuánto te quiero, amor, cómo quisiera / que también ciegamente me quisieras / como te quiero yo…! ¡Ay si pudieras…!” (Contreras, F.).
Estoy aquí, clavado en un madero /, firmemente por ti crucificado, / donde me hundió la historia de un pecado / y me encumbró lo mucho que te quiero. / Fiera de amor y de dolor tan fiero, / reo soy, reducido y amarrado, / mas libre el corazón enamorado / en esta cruz, en que de amor me muero /. Todo un Dios por ti yace inerte, yerto. He tronchado los ramos de alhelí, / sin sangre están las rosas de mi huerto. / Me he dejado morir, he dicho “Si”. / Soy un amor crucificado, muerto / ¿Qué más podría hacer tu Dios por ti?.
Para vivir estos días os animo a seguir las celebraciones litúrgicas por TV, sobre todo seguir las celebraciones del Papa en Roma, o de nuestra diócesis en Youtube; o leer y meditar en familia los textos de la liturgia siguiendo una guía que puedes encontrar en la página web de la Conferencia Episcopal Española o en la web de la Iglesia en Palencia, abriéndonos al amor de Cristo. Si no podéis hacer esto no dejéis de meditar la pasión del Señor, leyendo el Evangelio de San Mateo, o haciendo el Viacrucis. Este amor de Jesús nos debe llevar a corresponder teniendo sus mismos sentimientos, amándole a él hasta poder decir con San Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo que vive en mí; yo vivo en la del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí”, y amando a todos con humildad.
Con un amor que se concreta en servicio como Él lo hizo el primer Jueves Santo lavando los pies a los suyos; en entregar la vida a los demás, cercanos y lejanos como Él lo hizo el Viernes Santo; un amor que se olvida de si para pensar en los demás; un amor que el Sábado Santo se hace solidario con todos los hombres y mujeres sepultados en los sepulcros de la tierra y de la historia; un amor que da la vida para dar vida, porque la Vida renace del fondo de la Muerte (Domingo de Pascua). Que nos sintamos cercanos a todos los que sufren y comparten la Cruz del Señor, su soledad y abandono, su angustia y su miedo, y los encomendemos al Señor, que los llamemos por teléfono, si podemos, nos interesemos por ellos para que nos les falte nada.
Que vivamos estos días desde la fe, unidos a la Virgen María, la mujer de la Esperanza, la Madre del Señor y nuestra Madre, dispuestos a caminar en pos del Señor, conociendo, amándole y viviendo en comunión con Él, y movidos por su Espíritu sigamos cantando melodías de vida, esperanza, de solidaridad, de paz, justicia, verdad, de alegría y gozo, de fiesta.
Feliz Semana Santa.