Hoy, partiendo desde la Catedral de Palencia arranca la Peregrinación Jubilar que llevará a 50 jóvenes -nacidos entre 2007 y 2009- hasta el Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Una peregrinación -organizada por la Delegación diocesana de Pastoral con Jóvenes- que recorrerá distintos tramos del Camino Lebaniego Castellano… un camino de fe, convivencia y encuentro con el Señor.
PALABRAS DE NUESTRO OBISPO
Queridos jóvenes:
T
enemos este año una oportunidad única: hacer lo que durante tantos siglos hicieron nuestros antepasados, pero con nuestro corazón y nuestra manera de ver las cosas. Peregrinar desde la catedral de Palencia, (desde el km. 0 del Camino Lebaniego Castellano) hasta Liébana. Bueno, iremos haciendo unos tramos del norte y tendremos la ocasión de ser hospedados en la Abadía de Lebanza y en el Monasterio de San Andrés de Arroyo. En esos lugares se respira el aire de cuantos, en tiempos de cambio y de amenazas, apostaron por Jesús y por su estilo de vida.
Como vosotros y vosotras hoy. Elegís dejar por unos días lo cotidiano, lo habitual, y empezar una aventura que no dura cuatro días sino toda la vida. En el siglo VIII, un trozo de madera de ciprés fue custodiado con todo mimo y ternura, porque ese madero sostuvo el cuerpo de un nazareno ejecutado por Roma allá por el 33 de nuestra era.
Os invito a que este camino de estos días suponga una decisión: caminar hacia el 2033, hacia el horizonte de Jerusalén, con millones de jóvenes que no se resignan a lo de siempre.
Os regalo unas líneas que estos amigos de toda Europa nos regalan:
“No somos turistas de lo espiritual.
Somos peregrinos de sentido.
Venimos con mochilas llenas de dudas, heridas y esperanza.
Y con una certeza en el corazón: Cristo está vivo. Y nos llama.
Nos levantamos como generación:
no perfecta, no uniforme, no ideológica.
Sino humana, sedienta, buscadora, creyente.
Nos levantamos no para tener el poder,
sino para servir, amar, caminar.
Creemos que el amor de Dios sana.
Que las heridas no nos invalidan: nos hacen reales.
Elegimos caminar. Elegimos anunciar.
No con discursos vacíos, sino con vidas auténticas.
Con música, redes, arte, silencio, presencia.
Con una fe que no impone, sino propone.
Elegimos sanar. Ser rostro de una Iglesia que acoge.
Donde se puede llorar, reír, volver a empezar”.
Sois muchos los que queréis cambiar este mundo.
No estáis solos. No estamos solos.
Tenemos un presente y un futuro.
Caminamos con Jesús, sin miedo, alegres, libres.
+ Mikel Garciandía Goñi
HIMNO Jubileo Roma 2025 “Alza la vista”
Looo lo lo looo, lo lo loo lo, lo lo looo,
looo lo lo looo, lo lo loo, lo lo, lo lo
¡Que no nos roben la esperanza,
hay mucho Amor que celebrar!
¡Tanta Vida que anunciar,
tanto Cielo que llenar...!
¡Hay tanta Cruz que va a resucitar!
Alza la vista, hay futuro y esperanza para ti.
Que avancen hoy con alegría hacia Roma
los que sueñan en Palencia.
Una familia, la belleza de la Iglesia brilla aquí,
un corazón lleno de Vida
que palpita por las calles de Palencia.
Alza la vista, hay futuro y esperanza para ti.
Que avancen hoy con alegría hacia Roma
los que sueñan en Palencia.
Una familia, la belleza de la Iglesia brilla aquí,
un corazón lleno de Vida
que palpita por las calles de Palencia.
Alza la vista, hay futuro y esperanza para ti.
Que avancen hoy con alegría hacia Roma
los que sueñan en Palencia.
Una familia, la belleza de la Iglesia brilla aquí,
un corazón lleno de Vida
que palpita por las calles de Palencia.
Un mar de jóvenes en marcha
celebra el Año Jubilar,
una Iglesia y un hogar,
Comunión y Santidad,
¡con Pedro caminando en libertad!
Se abrirán de par en par
los caminos de la Paz,
el Abrazo que proclama la Verdad:
¡hijos de Dios, salvados
por la fuerza de su Amor!
Alza la vista, hay futuro y esperanza para ti.
Que avancen hoy con alegría hacia Roma
los que sueñan en Palencia.
Una familia, la belleza de la Iglesia brilla aquí,
un corazón lleno de Vida
que palpita por las calles de Palencia.
Looo lo lo looo, lo lo loo lo, lo lo looo,
looo lo lo looo, lo lo loo, lo lo, lo lo
Looo lo lo looo, lo lo loo lo, lo lo looo,
looo lo lo looo, lo lo loo, lo lo, lo lo (x2).
¡Hacia Roma los que sueñan en Palencia
Todos vivimos con muchas preguntas en el corazón. San Agustín habla tantas veces de nuestro corazón que “está inquieto hasta que descanse en ti, Señor”. Esta inquietud no es algo malo, y deberíamos buscar la manera de apagarla, de eliminar o incluso anestesiar las tensiones que sentimos, las dificultades que experimentamos. Más bien, deberíamos entrar en contacto con nuestro corazón y reconocer que Dios puede actuar en nuestras vidas, a través de nuestras vidas, y a través de nosotros, llegar a otras personas.
(León XIV)
8 julio - Alar del Rey- San Andrés de Arroyo
Invitado a Caminar con Él (Juan 1, 35-39)
Al día siguiente, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: – «Este es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: – «¿Qué buscáis?».
Ellos le contestaron: – «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
Él les dijo: – «Venid y veréis». Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.
• ¿Por qué vengo? ¿Qué busco en estos días?
• ¿Cuál es mi punto de partida? ¿Y la meta?
• ¿Qué metas -sueños, deseos, proyectos…- tengo en mi vida?
“TE SEGUIRÉ” - Iesu Communio
Te seguiré a dónde me lleves,
sabiamente ignorante iré donde no sé.
Te seguiré sin adelantarme,
sin forzar el paso te seguiré Señor (x2).
Mi corazón en ti, Tu corazón en mí (x2).
“NO TE CANSES” - Jatari
Una madre como tú, no se cansa
de esperar al que se aleja,
de abrazar lágrimas secas.
Una madre como tú, no se cansa
de acariciar al que está herido,
de consolar a su débil hijo.
No te canses, Madre.
No te canses, Madre,
que en mí hay un peregrino sin camino,
de tus pasos necesito.
No te canses, Madre,
que en mí hay un corazón sin timón,
que no aprende sin tu amor.
Solo una petición: no te canses.
María vela mis pasos con paciencia,
entre todas mis espinas ella me encuentra.
Es tan fácil a tu lado mi torpeza
que pedirte lo que te pido no me cuesta.
No te canses, Madre.
No te canses, Madre,
que en mí hay un peregrino sin camino,
de tus pasos necesito.
No te canses, Madre,
que en mí hay un corazón sin timón,
que no aprende sin tu amor.
Solo una petición: no te canses.
Gracias Madre por enseñarme
que el dolor con Amor
es perfume que se eleva a Dios.
Me gustaría invitarlos a cada uno de ustedes a mirar en su propio corazón, a reconocer que Dios está presente y que, tal vez de muchas maneras diferentes, Dios los busca, los llama, los invita a venir a conocer a su Hijo Jesucristo… (León XIV)
En nuestro tiempo, muchos jóvenes se sienten perdidos ante el futuro. Experimentan con frecuencia incertidumbre sobre su porvenir laboral y, más profundamente, una crisis de identidad, que es también una crisis de sentido y de valores, y que la confusión del mundo digital hace aún más difícil de atravesar. […] Sin embargo, el Señor, que conoce el corazón humano, no nos deja en la incertidumbre; al contrario, quiere despertar en cada uno la convicción de ser amado, llamado y enviado como peregrino de esperanza. (Francisco)
La vocación es un don precioso que Dios siembra en el corazón, una llamada a salir de nosotros mismos para emprender un camino de amor y servicio. (Francisco)
Descubrir lo importante que es para cada uno de nosotros prestar atención a la presencia de Dios en nuestros corazones, a ese deseo de amor en nuestras vidas, buscar de verdad, y encontrar formas en las que podamos hacer algo con nuestras vidas para servir a los demás. (León XIV)
En ese servicio a los demás, podemos descubrir que, uniéndonos en amistad, construyendo comunidad, también nosotros podemos encontrar el verdadero sentido de nuestras vidas. Tantas personas que sufren diversas experiencias de depresión o tristeza pueden descubrir que el amor de Dios es realmente capaz de curar, que trae esperanza, y que, de hecho, al reunirnos como amigos, como hermanos y hermanas, en una comunidad, en una parroquia, en una experiencia de vida vivida juntos en la fe, podemos descubrir que la gracia del Señor, el amor de Dios, puede realmente curarnos, puede darnos la fuerza que necesitamos, puede ser la fuente de esa esperanza que todos necesitamos en nuestras vidas. (León XIV)