Celebrando la Palabra - Dedicación de la Basílica de Letrán

Celebrando la Palabra - Dedicación de la Basílica de Letrán

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Celebración de la Dedicación de la Basílica de Letrán.

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1. AMBIENTACIÓN

 

Podemos colocar, delante del altar, un cartel con una de estas frases: “Vosotros sois templos de Dios” o “El Señor ha preparado su casa a los desvalidos”.

 

2. RITOS INICIALES

 

Monición de entrada. La basílica del Santísimo Salvador y de San Juan fue fundada por el papa Melquíades en el año 312, sobre la colina romana de Letrán, en un terreno y palacio cedido para tal fin por el emperador Constantino. La fiesta litúrgica de su aniversario se comenzó a celebrar en el siglo XII, primero solo en la ciudad de roma y después en todas las iglesias de rito romano, por considerarla la “iglesia madre de todas las iglesias de la urbe y del orbe”.

La Iglesia- edificio - es signo visible del único verdadero templo que es el cuerpo personal de Cristo y su cuerpo místico, esto es, la Iglesia esposa y madre, la cual celebra en un determinado lugar el culto en espíritu y en verdad.

Esto es lo que ahora nos disponemos a hacer nosotros en este lugar.

Canto.

Saludo. Hermanas y hermanos entremos a la casa de Dios con himnos de alabanza.

Acto penitencial

Tú que habitas en casa de puertas abiertas: Señor, ten piedad.

Tú que eres la resurrección y la vida: Cristo, ten piedad.

Tú que siempre nos acoges con cariño en tu casa: Señor, ten piedad.

Gloria

Oración. Padre bueno, que siempre tienes abiertas las puertas de tu casa para acoger a todos tuis hijos. Aumenta en tu Iglesia el número de tus piedras vivas con las que vas construyendo tu templo eterno, en caridad fraterna. Por Jesucristo tu Hijo que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén

 

3. LITURGIA DE LA PALABRA

 

Monición a las lecturas. Entre las lecturas tomadas del común de la dedicación de una iglesia, dos son propias, la Primera del profeta Ezequiel, junto con el salmo 45 evocan el baptisterio de Letrán que se halla junto a la basílica: “Vi que manaba agua del lado derecho del templo”, el agua va aumentando en intensidad su caudal y llenando de vida limpia y pura todo lo que toca; signo claro de las aguas bautismales.

Jesucristo es el Templo vivo, que santifica y su iglesia.

Lecturas. Ez 47, 1-2.8-9.12. Salmo 45. 1 Cor 3,9c-11.16-17. Aclamación (Aleluya) Jn 2,13-22. Breve silencio.

Comentario homilético. Un poco de historia no viene mal: La basílica de Letrán fue sede oficial del obispo de Roma desde el siglo IV al siglo XIV.

La fecha del 9 de noviembre para esta dedicación fue elegida, en el siglo XII, por los canónigos (por motivos desconocidos). Ésta, además del nombre de los santos Juan Bautista y, Juan Evangelista, que se derivan del baptisterio que se encuentra en las proximidades y que fue construido por Constantino en una antigua sala de baños romana, lleva también desde el siglo VII el nombre del Santísimo Salvador.

Por su ubicación, en la colina Laterana, es conocida también como basílica Lateranense y basílica Constantiniana, por ser Este emperador quien regaló el palacio y los terrenos al papa Melquíades. consagrando éste la basílica en el año 313.

Pero, hermanas y hermanos, la historia no es la que nos salva, por muy interesante que sea su conocimiento, vamos, pues, a ver, que mensaje nos transmite hoy Jesús con este episodio que tiene lugar, precisamente en el templo de Jerusalén.

Jesús ha querido limpiar el templo. Y ha organizado aquella barahúnda en la que los chasquidos del látigo se mezclan con los de las palabras.

Jesús ha estropeado el negocio de los que comerciaban a la “sombra” del templo. Ha límpido la casa del Padre, de dinero, de sus sacerdotes y de sus cómplices. Su celo por las cosas de Dios no le permitía atender a sutilezas. Solo tiene un objetivo: terminar con aquella liturgia que era una indecencia, una blasfemia.

Y, yo creo, que al final de la intervención, su rostro tenía que expresar la misma satisfacción que el de alguien que ha limpiado bien su casa y después de esa limpieza general, deja la escoba junto un imponente montón de basura.

Resulta, que Jesús, ha considerado a los “amigos” del templo precisamente como a los más peligrosos enemigos del templo.

Las consecuencias de esta actuación de Jesús, pueden resultarnos molestas a nosotros. Es una lección que nos permite aprender en cabeza ajena: creo, sinceramente, que los peores enemigos del cristianismo, del Evangelio, de la Iglesia, no tenemos que ir a buscarlos fuera, los hay dentro, podemos ser cualquiera de nosotros.

La verdad es que somos muy hábiles para descubrir a los enemigos externos de nuestra “religión”. Demostramos un olfato de sabueso. Hemos descubierto todos los enemigos e incluso, los hemos catalogado, les hemos colgado la etiqueta. Les hemos echado encima todas las culpas, desde la secularización, descristianización, la falta de valores, la falta de vocaciones etc. Les hemos declarado la guerra. Nos hemos hecho Anti-esto, anti-aquello. Pero hemos cometido un grave error. No nos hemos dado cuenta de que sería urgente ser “anti-nosotros mismos “

El peligro para la Iglesia no viene de fuera, viene de dentro, de nosotros mismos. Es inútil que nos hagamos ilusiones sobre este punto.

Los enemigos externos le hacen, en el fondo, un servicio estupendo: la obligan a ser vigilante, aumentan su fuerza de cohesión, la robustecen, la sumergen en las catacumbas, que es siempre el ambiente “natural” para la explosión de la luz del Evangelio, la multiplican con la sangre de los mártires. Y, además, en contra de ellos, está la promesa de Jesús: Yo estaré siempre con vosotros, el mal no prevalecerá.

Son más difíciles de detectar los enemigos internos y, contra estos no hay más solución que los santos y el “látigo” de Jesús.

Esta situación la expresó con claridad meridiana un ateo cuando dijo: “¡Qué maravilla sería el Evangelio si no estuviera en manos de los cristianos”!

Y un buen católico decía: “Nuestra religión es una maravilla, pero nuestro modo de practicarla la hace aparecer como falsa”.

Pues bien. Yo que me he acogido a la “sombra” del templo, yo que vivo en el recinto sagrado, puedo ser un enemigo del templo, un profanador. Mi mediocridad, mi reducir el Evangelio a dimensiones “razonables” o sea, a las dimensiones de mi timidez y mi cobardía, mi continuo recortar los horizontes, por miedo a lo desconocido, mi incapacidad para abrir viejas puertas y tender nuevos puentes, mi andar cansino y vacilante, mi negativa a ensuciarme las manos trabajando en las periferias existenciales, mi religión como póliza de seguridad para ser admitido en el más allá, mi alergia a la cruz. Todo esto, son armas que apuntan contra el “templo”, que retrasan la llegada del Reino de Dios.

Cuando veo a Jesús en esa actitud, siento un rayo de luz que me ilumina y me hace ver mi verdad, y doblo mi rodilla para que el látigo de su luz me golpee con fuerza y me despierte a la vida nueva del Evangelio en el templo del mundo, donde mis hermanas y hermanos me necesitan autentico, sin doblez. Y comprendo que mi reconstrucción empieza exactamente en el momento en el que me declaro enemigo de mis miedos y me abro a su luz. (Silencio de interiorización)

Credo

Oración de los fieles

Oremos por la Iglesia, para que sea siempre portadora de vida y de esperanza, roguemos al Señor.

Oremos por los gobernantes, para que favorezcan la dignidad de todos los ciudadanos, roguemos al Señor.

Oremos por todos los cristianos, para que demos fe con nuestra vida de la esperanza que nos anima, roguemos al Señor.

Oremos por cuantos pasan por momentos difíciles, para que el desaliento no los venza, roguemos al Señor.

Oremos por los que no han descubierto el sentido cristiano de la resurrección, roguemos al Señor.

Oremos por los que nos enseñaron a rezar, a tener esperanza, a trabajar por la justicia, para que sus desvelos y trabajos hayan sido acogidos por el buen Dios y gocen de la paz verdadera, roguemos al Señor.

 

4. RITO DE LA COMUNIÓN

 

Monición. La fe ha alentado a multitud de creyentes a dar la vida por el Reino, con la esperanza firme en un gozoso y definitivo encuentro. Ahora nos toca a nosotros trabajar los valores evangélicos, para vivir en comunión solidaria con todos.

Canto:

Introducción al Padre nuestro

Te alabamos, Padre, mientras caminamos,
con todos los que aman la vida
y la proyectan según el Evangelio.

Nuestra alabanza se hace canto comunitario
en esta casa visible que hemos construido,
donde reúnes y proteges sin cesar a esta familia
que hacia ti peregrina en esperanza,
manifiestas y realizas de manera admirable
el misterio de tu comunión con nosotros.

En este lugar, Señor,
tú vas edificando aquel templo que somos nosotros,
y así la Iglesia, extendida por toda la tierra,
crece unida como cuerpo de Cristo.

Nosotros ahora nos unimos en oración
a toda tu Iglesia santa,
y te rezamos juntos la oración de los hijos y los hermanos: Padre nuestro...

Gesto de la Paz

Distribución de la comunión: Canto:

Acción de gracias

Espontaneo: Cada uno expresa su agradecimiento, puede incluso hacerse cantando.

 

5. RITO DE CONCLUSIÓN

 

Compromiso. Testimoniar la unidad en el Espíritu Santo.

Oración después de la comunión (se toma del misal)

Bendición

Monición final. La fe es una razón poderosa para vivir. Los creyentes tenemos la suerte y la responsabilidad, de vivenciar cuánto motiva la experiencia de la resurrección.

Jesús nos asegura que la vida sigue más allá de la muerte. Él mismo se presenta como Resurrección y Vida, como Camino hacia Dios. Cuidemos con cariño y profundo respeto todo lo que ayuda a una vida digna y seremos así, testigos de la Resurrección en el Templo del mundo.

Canto final y despedida