Atravesando puentes

Atravesando puentes

Queridos lectores, paz y bien.

Entrados ya en el mes de julio, toca mirar al curso pastoral en el que todavía estamos inmersos, y cuyos principales compases ya hemos vivido. Han pasado ya nueve meses, desde aquel 3 de octubre, en el que acudí a la audiencia privada que nos concedió el Papa León XIV al equipo del proyecto Journey to Redemption (Roma 25, Santiago 27, Jerusalén 33). Al final de aquella reunión, el Papa quiso quedarse con el folleto del curso pastoral de la diócesis: Creando puentes: creciendo como Iglesia sinodal y misionera. Hemos podido cumplir su encargo de articular una propuesta evangelizadora para los jóvenes a través de los caminos de peregrinación. Se la entregamos el pasado viernes en otra intensa audiencia.

En el folleto de la programación 2025-2026 escribía yo en la introducción: “no somos ni podemos ser una institución anquilosada, sino un organismo vivo, un cuerpo que crece como comunidad itinerante y carismática para anunciar el Evangelio y lograr que el mundo reviva [...] El Señor nos llama a ser creadores con Él, tejedores de relaciones nuevas, de comunidades vivas. Tendamos puentes entre nosotros, porque sólo cuando somos uno el mundo cree. Y desde ahí, sigamos tendiendo el gran puente que es la Iglesia, que une la eternidad y la historia”.

A su vez el Sínodo continúa su curso hacia el 2027 y estoy convencido de que nos ayudará seguir sus indicaciones en línea de una corresponsabilidad diferenciada, según la cual, ministros ordenados, laicos y consagrados hemos de continuar respondiendo a la llamada del Señor en comunión espiritual y estrecha colaboración.

Por otra parte, caminábamos juntas las nueve diócesis de Castilla en la Asamblea Eclesial, concretando acciones para estas tres áreas: conversión personal y comunitaria, renovación del estilo pastoral y reforma de las estructuras. Ese sínodo regional propició intensas conversaciones en el Espíritu que nos han aportado siete acciones que comenzaremos a trabajar a partir de ahora.

Quise con mi carta pastoral de primavera ahondar en el sentido profundo de los puentes, que nos viene de Dios Padre, que con su Hijo Jesucristo ha tendido el gran puente de la misericordia entre el cielo y nuestro suelo, nuestras pequeñas historias.

Otra de las convergencias que nos ayudarán y aprovecharemos son las líneas pastorales que aprobamos en la Conferencia Episcopal Española, y en concreto, el proyecto marco de la pastoral juvenil, con su sugerente título Poneos en camino. Como diócesis, hemos abordado el cambio del organigrama, la renovación de los delegados episcopales y los equipos para las áreas. Nos toca pedir al Espíritu que nos siga indicando qué es lo que Él quiere bendecir, para que nosotros sigamos su inspiración.

Retos como la pastoral vocacional, familiar, juvenil, de migrantes hemos de abordarlos. La formación es otro hito importante que debemos atender. El desarrollo de los ministerios y carismas laicales, instituidos y reconocidos es otra necesidad urgente que nos alienta y estimula para este curso. Vivimos un tiempo ciertamente apasionante. Y os agradezco de todo corazón a tantos hombres y mujeres, niños y jóvenes que vivís y lucháis vuestra fe desde nuestras comunidades en medio del mundo.

Estoy seguro de que el verano nos ayudará a posar tantas experiencias y que nos impulsará a retomar el siguiente plan pastoral y curso pastoral con la intención de atravesar los puentes, tal y como decíais en Palencia, Alar del Rey, Nuestra Señora de Carejas, Villamuriel... Jesús sigue queriendo pasar a la otra orilla, y ahora lo hace con su Cuerpo, que somos cada uno de nosotros. A estas alturas hemos podido experimentar en tantos espacios de escucha, que la hospitalidad vence a la hostilidad, y de que construir la fraternidad es posible y es hermoso.

Sólo una Iglesia genuinamente sinodal tiene la capacidad de ser efectivamente misionera. Ya que quien evangeliza es la comunidad, no cada uno de nosotros a solas. Nuestras diferencias han de enriquecernos, la uniformidad la dejamos para las sectas. Nosotros necesitamos que la experiencia de Pentecostés nos haga construir la Nueva Jerusalén, y no una Babel más. Así lo dice el Papa en Magnifica humanitas: «El relato muestra cómo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo: sacerdotes, artesanos, jefes de familia, mujeres y jóvenes. Es una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los vínculos incluso antes que las piedras. La antigua Jerusalén recupera así un lenguaje común, no el de la uniformidad, sino el de la comunión: la armonía que nace cuando cada uno asume su parte y todo el pueblo reconoce que su fuerza viene del Señor». Atravesar los puentes para ir a reconstruir la ciudad de Dios: ¿acaso puede haber un proyecto más apasionante?

+ Mons. Mikel Garciandía Goñi. Obispo de Palencia