Homilía en la Vigilia Pascual 2018

Feliz Pascua, hermanos, ALELUYA.

Os invito, hermanos, a cantar, sentir y vivir el aleluya. Aleluya, palabra hebrea, significa alabad a Dios, alabad a Yahvé. Yo os invito a que alabemos, bendigamos, glorifiquemos y demos gracias al Padre, por el Hijo en el Espíritu Santo hoy y siempre.

¿Por qué? Por todas sus obras en favor de los hombres y de la creación, de ti, de mí, de todos los hombres de todos los tiempos.

Esas obras son las que hemos recordado en síntesis y constituyen el corazón de las lecturas proclamadas.

La creación.

La alianza con Abrahán.

La liberación de la esclavitud de los israelitas en Egipto.

La llamada permanente de Dios a volver a Él, que es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad realizada por los profetas.

Pero sobre todo por su amor manifestado en Jesucristo, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo, por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, Virgen, pasó haciendo el bien a todos y luchando contra el mal porque esa era y es la voluntad del Padre, padeció bajo Poncio Pilato, murió en la cruz y fue sepultado.

Pero sobre todo celebramos su resurrección. Un amor, el más grande que acabará en la muerte y en la sepultura era un amor admirable, pero inútil, no fecundo, como el amor de los amantes de Teruel o el de Romeo y Julieta. Se lo llevaría la tumba. Pero no: el amor de Dios manifestado en Jesús, en su persona y en su obra, no ha quedado vencido y encerrado en un sepulcro, sino que ha vencido victorioso a la muerte, al odio, al desamor. Nos lo ha proclamado el ángel en el Evangelio igual que a las mujeres: «No tengáis miedo ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? HA RESUCITADO. NO ESTÁ AQUÍ. Él va delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo».

Nos lo recordará de manera particular el agua bautismal, que nos hace renacer a la vida del resucitado y vivir para Él. Y eminentemente la Eucaristía, cuando él nos parta el pan y se nos dé para tener vida eterna y nos a beber su sangre en el vino para vivir en la alianza nueva y eterna.

La Liturgia que estamos celebrando nos ha recordado que Jesucristo Resucitado, hermanos:

- Es Fuego de amor, que, en nombre del Padre, ha venido a traer a la tierra y desea que arda en el Espíritu Santo, el Amor de Dios y en el Dios que es amor.

- Es Luz: tú eres, Señor Jesús, la luz del mundo. El que te sigue no camina en tinieblas ni a oscuras.

- Es Palabra: Tú nos comunica lo que has oído al Padre para nuestro bien, tú tienes Palabras de vida eterna.

- Es Agua: Tú eres esa agua que purifica, limpia, la va de los pecados, que sacia toda sed, que hace fecunda la vida aquí en la tierra y salta hasta la vida eterna.

- Es Pan: Tú eres el pan de vida, el pan del cielo, el pan que el Padre nos da.

- Es Vino: Tú eres el vino mejor, el vino nuevo que hace de nuestra vida una fiesta de bodas.

- Es Cabeza de la comunidad: Tú eres la Cabeza, el Pastor, el Esposo del nuevo pueblo de Dios adquirido por su sangre, al que pertenecen Santa María, la Virgen, los santos invocados en la letanía y todos los santos, los difuntos y nosotros mismos que somos miembros de Tu Cuerpo Glorioso. Por nuestras venas corre el Espíritu Santo, como por los sarmientos de la vid corre la savia fecunda.

 

Señor Jesús Crucificado y Resucitado: Nosotros hoy te cantamos el aleluya, y contigo bendecimos al Padre por su bondad, misericordia y fidelidad hacia nosotros hecha carne e historia, realidad viva y presente en Ti por el Espíritu Santo. Que sepamos ser una alabanza siempre porque:

Ardemos en tu Espíritu de amor, que es Señor y Dador de vida;

Iluminamos, no con luz propia, sino reflejándote a ti;

Vivimos de tu Palabra y, como María, tu Madre y nuestra Madre, la escuchamos, la guardamos en el corazón y la ponemos por obra;

Nos comprometemos con palabras y obras a ser y vivir como el agua clara y pura que quita la sed, como personas nuevas, purificadas y perdonadas, renovando nuestras familias, nuestra Iglesia y nuestro mundo;

Queremos ser, no aguafiestas que todo lo ven negro y mal ni profetas de calamidades, sino como el vino que hace de la vida una fiesta alegre y esperanzada;

Queremos vivir como hijos y hermanos en unidad y diversidad y así ser signo para el mundo de la unión de Dios con los hombres y de los hombres entre sí, donde los pobres, los humildes, los heridos de la vida, los descartados y marginados tengan un lugar preferente.

Señor Jesús: decía el ángel a las mujeres: «Él va delante de vosotros a Galilea. Allí lo verán». Que vivamos en salida, por las calles y barrios de nuestra Galilea, que hoy se llama de Palencia, sus pueblos y sus gentes, sin instalarnos ni cerrarnos, llevando la alegría de creer y de crear, conscientes de que tú vas delante, en medio y detrás de tu pueblo y familia, como el Buen Pastor, que nos acompañas siempre, nos proteges siempre y nos alimentas siempre.

Que en nuestra vida terrena, Jesús Crucificado y Resucitado, te cantemos y vivamos el aleluya incluso en el dolor, el fracaso, la contradicción y, tras nuestra muerte, resucitemos contigo y por siempre descansemos en ti, te veamos, te contemplemos, te amemos y te alabemos. Que ese sea nuestro fin sin fin (San Agustín, Ciudad de Dios, Libro XXII, 30, 5).