Este verano volví a ver Forrest Gump con mis hijos y me pasó algo curioso: una película que vi de joven y que creía conocer me volvió a enseñar cosas que quizá necesitaba recordar. Porque Forrest no parece tener todas las respuestas… pero quizá entiende algunas preguntas mejor que nosotros.
Primera lección: la persona está por encima de las etiquetas. Forrest es diferente. Muchos lo miran desde sus limitaciones, pero él nunca parece necesitar demostrar quién es. Simplemente vive, quiere, ayuda y sigue adelante. Siempre he pensado que Forest se conecta en muchos sentidos con los valores evangélicos, pues para Jesús, la persona siempre se encuentra por encima de ideologías, normas, etiquetas y apariencias. No preguntaba primero quién eras, sino qué necesitabas.
Un segundo aprendizaje de la película que me llega es que: la vida no siempre necesita ser comprendida para ser vivida. Forrest corre sin saber exactamente hacia dónde. Ama, pierde, vuelve a empezar… y continúa. Quizá nosotros sufrimos demasiado intentando encontrarle una explicación a todo. Y a veces vivir consiste también en aceptar que no tenemos todas las respuestas.
Vamos con la tercera: el pasado forma parte de nuestra historia, pero no tiene por qué convertirse en nuestro destino. Todos llevamos heridas, patrones familiares, errores y pérdidas. Pero siempre queda alguna posibilidad de elegir qué hacemos con aquello que hemos recibido.
Y aunque hay muchas frases en la película para enmarcar acabo con esta: la bondad importa. Forrest no parece actuar para conseguir reconocimiento. Está con sus amigos, cuida, permanece, cumple su palabra. No siempre podemos elegir lo que nos sucede, pero sí podemos decidir cómo queremos estar en el mundo.
Al final, Jenny le pregunta a Forrest por la vida… y él responde con una de las frases más conocidas de la película: «La vida es como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar».
Quizá sea eso. No podemos controlar todos los bombones que nos tocarán. Pero sí podemos decidir con qué actitud abrimos la caja y si estamos dispuestos a compartirla con aquellos que llegan a nuestra vida.
David Ruiz