Ángel Becerril, una vida entregada a la mision

Ángel Becerril, una vida entregada a la mision

Hay personas cuya vida se cuenta a través de los lugares que han recorrido, pero también de quienes se han cruzado en su camino. La de Ángel Becerril tiene mucho de eso. Nacido en Cozuelos de Ojeda en 1938, fue ordenado sacerdote en 1964 y enviado ese mismo año a Zimbabue. Allí permaneció hasta 1991, cuando comenzó una nueva etapa misionera en Tailandia, donde continuó su labor hasta noviembre de 2024, fecha de su regreso a España después de más de seis décadas de entrega.

Ahora vive en la Casa Sacerdotal Nuestra Señora de Lebanza, en Palencia, y cuando se le pregunta cómo está, responde con sencillez: «Estoy contento en la residencia aquí». Si se le pregunta si es feliz, la respuesta es aún más directa: «Sí».

Quizá esa sencillez sea una de las mejores maneras de acercarse a don Ángel. Su trayectoria no se entiende únicamente a través de los países en los que ha vivido, sino de las personas que ha conocido, de las comunidades a las que ha acompañado y de todo lo que ha aprendido a lo largo del camino. Una experiencia que ahora ha quedado recogida en El arco que se encorva, publicado por la editorial Mundo Negro y presentado este jueves, 15 de octubre, en el Centro Juvenil Diocesano de Palencia, en un acto organizado por la Delegación diocesana de Misiones.

El libro reúne 50 relatos breves que recorren su itinerario personal, pastoral y espiritual. Más que una crónica de los lugares por los que ha pasado, sus páginas hablan de acompañamiento, escucha, oración y encuentro con personas de culturas diferentes. También recogen las preguntas, las dudas y los aprendizajes que han ido dando forma a su vocación misionera.

Durante la presentación, Becerril expresó su agradecimiento al Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME), a la Diócesis de Palencia, a la Iglesia misionera y a su familia por el apoyo recibido durante todos estos años. «En primer lugar, quiero darle las gracias al IEME. Gracias a él soy lo que soy. El IEME me construyó, me hizo misionero, me envió, me acompañó durante 60 años en África y en Tailandia», afirmó.

El sacerdote definió también el sentido íntimo de la publicación con una imagen que resume su manera de compartir la vida: «Este libro, el arco que se encorva, no es otra cosa que mi corazón abierto a vosotros». Y expresó su deseo de que sus páginas puedan animar a otras personas a comprometerse con la misión: «Si sus páginas ayudan a alguien a ser generoso para Dios y la misión, seré feliz de haber puesto mi granito de arena en la valentía de otros».

 

De la lluvia al rocío

Cuando recuerda sus años de misión, Ángel Becerril habla de la lengua y de la posibilidad de comunicarse con la gente. «Zimbabue me ha marcado mucho porque estudié la lengua», cuenta. Tailandia fue diferente: «La lengua era muy difícil». Sin embargo, de ambos países conserva el recuerdo de haberse sentido acogido.

Esa experiencia de encuentro y transformación aparece también en otro de sus escritos. En Me toca ser simplemente rocío, Becerril distingue entre el misionero que soñó ser, el que los demás creen que es y el que finalmente ha llegado a ser. África fue para él tiempo de «lluvia», de comunidades en crecimiento; Tailandia, en cambio, le enseñó a ser «rocío»: una presencia silenciosa que reconforta y ayuda a que la vida vuelva a florecer.

La imagen del rocío permite acercarse a una manera de entender la misión alejada de los grandes protagonismos. Se trata de estar, acompañar y dejar espacio para que otros crezcan. Una enseñanza que conecta con el título de su nuevo libro, El arco que se encorva, y con la reflexión que Jorge López, director general del IEME, compartió durante la presentación.

El arco, explicó, no se encorva por el cansancio o la edad, sino porque ha llegado el momento de lanzar las flechas y dar paso a quienes han de continuar el camino. La imagen expresa así la madurez de las comunidades cristianas y la tarea de los misioneros, llamados también a acompañar el crecimiento de las iglesias locales y a preparar a las nuevas generaciones para que prosigan la labor iniciada.

En la presentación participaron, junto al autor y Jorge López, el sacerdote diocesano Tomás Herrera, el misionero comboniano Longinos López, en representación de la editorial Mundo Negro, y el obispo de Palencia, Mikel Garciandía.

Tomás Herrera destacó la capacidad del libro para mostrar el trabajo interior que acompaña a la vocación misionera. A través de los relatos, señaló, se descubre el recorrido de una persona que aprende a profundizar en su propia vida, a desprenderse de certezas y a dejarse transformar por los encuentros con los demás. Por su parte, Longinos López subrayó la importancia de acercar al público la experiencia de quienes han dedicado su vida a la misión, dando a conocer tanto la realidad de las iglesias de otros países como el testimonio de los misioneros que han trabajado en ellas.

 

Aprender a caminar en la incertidumbre

En su trayectoria, Ángel Becerril también ha aprendido a convivir con la incertidumbre. En otro de sus escritos, La nube del “no saber”, reconoce que «la incertidumbre nos acompaña en todos nuestros pasos». La misión, explica, no consiste en tener todas las respuestas, sino en aprender a caminar en la fe.

Su experiencia en Tailandia le llevó, además, a buscar «un puente entre la espiritualidad cristiana y la del budismo», abriéndose a otras formas de entender el mundo y dejándose transformar por ellas. Una disposición que revela que la misión no es únicamente transmitir, sino también escuchar y aprender; no solo llevar un mensaje, sino permitir que el encuentro con los demás transforme a quien lo comparte.

Cuando se le pregunta qué quiso transmitir durante tantos años, vuelve a lo esencial: «He querido transmitir lo que somos, que somos hermanos todos».

Esa convicción enlaza con las palabras del obispo de Palencia, Mons. Mikel Garciandía, quien agradeció a Ángel Becerril su testimonio y destacó la actualidad de una experiencia capaz de renovar el compromiso misionero de toda la Iglesia. «Todos nosotros, por el hecho del bautismo, todos somos discípulos misioneros», recordó.

Nuestro obispo animó a descubrir en las páginas del libro una invitación a recuperar el sentido misionero de cada encuentro humano y a mantener vivo el deseo de compartir la fe. Una tarea que no se limita a los países de misión, sino que interpela también a las comunidades cristianas de Palencia y a cada persona en su vida cotidiana.

 

Una vida que sigue dando fruto

Más de sesenta años después de partir de su tierra, Ángel Becerril mira atrás con gratitud. Su recorrido desde Cozuelos de Ojeda hasta Zimbabue y Tailandia ha estado marcado por la entrega, pero también por la capacidad de dejarse enseñar por las personas y las culturas con las que ha convivido.

Ahora, de nuevo en Palencia, su experiencia toma forma de libro y se ofrece a quienes quieran acercarse a ella. El arco que se encorva no es solo el testimonio de una larga vida misionera: es también una invitación a seguir caminando, a compartir lo aprendido y a confiar en quienes tomarán el relevo.

Quizá por eso la imagen que mejor define a don Ángel sea la que él mismo eligió en otro de sus escritos: el rocío. Algo pequeño y silencioso que no necesita hacer ruido para cumplir su cometido, que acompaña sin imponerse y que ayuda a que la vida vuelva a florecer.