Los buenos sueños movilizan la esperanza, desvelan posibilidades, abren el horizonte y ponen en marcha. Juan Bautista no sólo es “la voz que grita en el desierto”. Es también quien señala con el dedo a quien ha de venir: Jesús, el Camino. Pero no sólo señala, da pasos por ese camino, ofrece pistas, se adelanta. “Lo que todos podemos y debemos hacer, si es que alguna vez va a haber un mundo justo, es comenzar a vivir de la misma manera en que tendríamos que vivir en ese mundo” (Everet Reimier). El profeta, con su misma vida, inicia ya caminos nuevos y los abre.