Los sueños con posibilidades reales son los que se sueñan despiertos. Soñar con los ojos bien abiertos para mirar con hondura la vida, a las personas y a los pueblos, a nuestro mundo, para poder descubrir ahí a Dios que “habita y trabaja”. Porque el Señor llega constantemente a nuestra historia, a nuestra sociedad, a nuestra familia, a nuestros amigos, a lo que ocurre en la calle, a lo que leemos o escuchamos en las noticias, en cada situación o acontecimiento de la vida.