El Magisterio de la Iglesia declara en reiterados documentos que todo hombre, por el mero hecho de serlo, tiene naturalmente unos derechos y unos deberes que son universales, inviolables e irrenunciables, y que son el fundamento real de la libertad, la justicia y la paz. Entre ellos se encuentra la libertad religiosa, que se configura como una auténtica necesidad de la convivencia humana, el medio que posibilita el encuentro de la persona con la verdad de Dios, que nunca puede ser impuesta, y que responde a la naturaleza trascendente del ser humano.
Esta libertad de religión, entendida como el ejercicio libre del derecho a profesar y manifestar, individual o comunitariamente, la propia religión o fe, tanto en público como en privado,