«Mirarán al que traspasaron» (Jn 21, 37). San Pablo, al final de su carta a los Gálatas nos escribe con letras grandes y de su propia mano: «En lo que es a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de Nuestra Señor Jesucristo» (Gal 6, 14). El autor de la Carta a los Hebreos nos invita tener los ojos fijos en Jesús, el que inició y completa nuestra fe, «quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios» (Hebr 12, 2 y 3).