Así lo confiesa, llena de gozo, la fe de la Iglesia Católica: «El Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se hizo carne de modo que, siendo Hombre perfecto, salvara a todos y recapitulara todas las cosas. El Señor es el fin de la Historia humana, el punto en el que convergen los deseos de la historia y la civilización, centro del género humano, gozo de todos los corazones y plenitud de sus aspiraciones» (GS,45).