«El Señor espera que todas nuestras comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar por el camino de una conversión pastoral y misionera que no puede dejar las cosas como están» (Evangelii Gaudium, 25). Con la confianza valiente, incluso osada, que suscita la acción del Espíritu santo, tenemos que estar en permanente estado de misión que sea «capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda la estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación» (EG, 27).