Queridos lectores, paz y bien.
En todo tiempo, y de un modo especial en este tiempo del Adviento, el Señor invita a su comunidad a que vigilemos y a que tomemos distancia, salgamos al desierto para afinar nuestra escucha, ya que siempre nos habla. Como Iglesia católica, necesitamos vivir atentos, revisar continuamente nuestros actos, para asegurarnos de que efectivamente somos hijos de la luz y no de las tinieblas. Porque no somos sus ángeles, sino seres de carne, de condición pecadora y rescatados por Cristo para ser santos. Por ello, como Iglesia, no podemos tener ninguna connivencia con el pecado, no podemos ser ambiguos con respecto del mal. Y mucho menos cuando este tiene forma de abuso a menores y a personas vulnerables por parte de