Queridos lectores, paz y bien.
Con el buen sabor de boca del Encuentro Diocesano que vivimos ayer, celebramos hoy la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Y quisiera, antes que nada, dar gracias a Dios por el empeño del Papa Francisco de convocar en Jubileo de la Esperanza. Con su sensibilidad especial y con sus gestos y magisterio, dio un nuevo impulso en nuestra Iglesia en la clave de acoger, proteger, promover e integrar a las personas migrantes y refugiadas. Con el lema «Migrantes, misioneros de esperanza» se nos invita hoy a celebrar esta Jornada, que nos permite hacer algunas reflexiones que tratan de poner una mirada serena sobre la realidad de las migraciones.